
Todos conocemos los grandes beneficios de los productos que nos brindan las abejas, la miel, el polen o la jalea real, sin embargo hay otro gran producto que no es tan conocido: EL PROPÓLEO.
El propóleo es una sustancia que fabrican las abejas a partir de las yemas y resinas de los árboles, que mezclan en su boca con cera y secreciones salivares obteniendo así esta magnífica y curativa sustancia. Las abejas lo utilizan para sellar las colmenas y las celdas que albergan las larvas, protegiéndose frente al ataque de virus y bacterias.
El propóleo, propólis o propóleos, es un excelente antibiótico natural que estimula las defensas frente a las infecciones y tiene numerosas propiedades terapéuticas para la salud, sobre todo se usa en caso de infecciones respiratorias y también como cicatrizante en heridas.

Un poco de historia
Seguramente en la antigüedad debieron descubrir estas propiedades cuando se dieron cuenta de que los cadáveres de insectos encontrados en el interior de los enjambres permanecían sin pudrir al estar envueltos en una sustancia pegajosa.
La mayoría de las culturas, aunque no sabían exactamente de qué sustancia se trataba, la emplearon abundantemente para el tratamiento de las heridas u otras posibles lesiones. De esta manera conseguían que cicatrizasen mejor y que no se infectasen.
Además, tenemos constancia de que los antiguos egipcios empleaban el propóleo como uno de los ingredientes de la técnica del embalsamamiento. Los médicos griegos y romanos lo alababan por sus propiedades curativas. Y se seguía utilizando como antibiótico natural junto a la miel para la curación de las heridas de guerra, hasta que se descubrió la penicilina.
Incluso se ha utilizado para el tratamiento de las infecciones en animales, como la fiebre aftosa del ganado, la mastitis de las vacas o la bronconeumonía de vacas, caballos, cerdos, ovejas, gatos y perros.
Cómo se obtiene
Para elaborar el propóleo, unas abejas obreras especializadas introducen las substancias vegetales en su boca, las deshacen y las mezclan con salivas y ceras, después lo transportan a la colmena con ayuda de sus patas traseras.
El propóleo lo utilizan como material de sellado, recubren el interior del panal, reparan las posibles grietas en las celdas, reducen el tamaño de las entradas de la colmena y cubren las sustancias extrañas que no pueden ser transportadas al exterior. También mezclan el propóleo con cera para cubrir las celdas que albergan las larvas. De esta manera se aíslan del exterior y se protegen de posibles infecciones causadas por organismos patógenos.
La producción por colmena es pequeña, ya que solo unas pocas abejas se dedican a producir el propóleo. Se calcula que una colonia de abeja europea puede obtener entre 50 g. y 500 g. de esta sustancia al año.
Para obtener propóleo de una colmena, el apicultor coloca dentro de los panales unas mallas de plástico o tela para que las abejas cubran sus agujeros con propóleo. Una vez al año estas mallas son retiradas, se enrollan y se congelan para que el propóleo se vuelva quebradizo y caiga.
Este propóleo bruto puede refinarse y prepararse para la venta, se recogen las impurezas con un aspirador y se limpia de elementos extraños, se tamiza y se clasifica por tamaños.
El propóleo bruto se somete a un proceso de disolución, generalmente con alcohol etílico (etanol). Otros solventes que se utilizan para extraer el propóleo son el glicol, el agua o el aceite. La pasta de propóleo se elabora mediante la extracción con alcohol etílico y posterior deshidratación hasta alcanzar la textura deseada.
Características del propóleo
Al igual que la miel, el aspecto del propóleo es muy diverso ya que depende del tipo de vegetales del cual es obtenido. Puede oscilar desde un color prácticamente transparente o amarillo claro hasta un color marrón oscuro.
Su textura varía de acuerdo a la temperatura a la que es expuesto. Resulta consistente y quebradizo cuando nos acercamos o alcanzamos el punto de congelación. Se va convirtiendo en gomoso y pegajoso a medida que superamos los 40º C y normalmente se vuelve líquido entre los 60 y 70º C.
Propiedades
Numerosos estudios realizados a partir de 1970 han demostrado que el propóleo constituye un remedio eficaz contra las bacterias y los hongos. Por sus propiedades fungicidas, bactericidas y bacteriostáticas, es capaz de eliminar los hongos o las bacterias o impedir que estas se desarrollen lo suficiente como para producir infecciones.
El propóleo tiene una composición química muy compleja que incluye principios activos, entre los que destacan los bioflavonoides, responsables de su acción antibiótica. Por otra parte posee propiedades regenerativas de los tejidos afectados y propiedades analgésicas que resultan muy adecuadas para calmar el dolor.
Las propiedades terapéuticas que se le atribuyen al propóleo son numerosas, destaca como antioxidante, antibacteriano, antivírico, inmunoestimulante, antiinflamatorio analgésico, remineralizante, antialergénico, etc. Por ello ayuda a combatir los estados gripales, a prevenir las caries, a prevenir los parásitos, a tratar quemaduras y heridas en la piel y a mejorar el sistema circulatorio entre otros. También se emplea, para cuidar las cuerdas vocales, protegiendo esta parte de la garganta de infecciones y de los daños ocasionados por el frío, por lo que su uso se recomienda a profesionales que utilizan la voz como herramienta de trabajo, profesores, locutores, cantantes, etc.
El propóleo funciona particularmente bien en caso de infecciones respiratorias. Por eso cada vez más profesionales de la salud, recomiendan su uso durante el invierno para prevenir y curar catarros. También se utiliza en cortes, quemaduras, acné, etc., e incluso puede ayudar en otro tipo de infecciones, como otitis, laringitis, cistitis, etc.
Uso
Podemos encontrar propóleo en cualquier tienda de productos naturales, también podemos preguntar a nuestro habitual proveedor de miel. Se comercializa de dos formas, como tintura o extracto, para su uso interno y en pomada para su uso externo.
Si vas a utilizarlo para tratar alguna infección interna, tómalo ingerido (con agua o miel). Si lo vas a usar para tratar enfermedades o trastornos de la piel y heridas, aplícalo de forma externa, directamente sobre la afección. Siempre hay que seguir la prescripción médica y las indicaciones y dosis recomendada en el prospecto del producto.
El propóleo debe utilizarse durante periodos concretos, y nunca de forma continuada, si nos excedemos en las cantidades o en el tiempo, puede causar distintos trastornos gastrointestinales. Además, algunas personas pueden ser alérgicas al propóleo y otros productos de apicultura, como la miel o la jalea real, conviene tomar pequeñas dosis de prueba o utilizar unas gotas sobre la piel, las reacciones alérgicas pueden causar llagas en la boca, irritaciones, malestar digestivo o diarrea. En caso de asma alérgico, está totalmente desaconsejado, ya que puede empeorar y agravar los síntomas.
