

Enfermero de diálisis en el HUBU y responsable de hospitalización del equipo START. Blog: elenfermeroqueviajasinbotiquin.com
Cierro mi trilogía asiática, tras Japón y Corea del Sur, en esta isla denominada Formosa (hermosa) por los españoles, que fueron los primeros colonos europeos allá por el siglo XVI.
La elección de Taiwán como destino obedece a una serie de razones tácticas, de idoneidad climática y economía de vuelo (512 euros ida y vuelta con bici incluida).
En esta ocasión viajo acompañado por mi amigo Dámaso, a quien conozco desde el año 2009 y de quien aprendí mucho en mi primera ciclo aventura por Marruecos en 2011. Delego en él las funciones de navegación y documentación del viaje.

La República de China, nombre oficial del país que nos ocupa, ocupa el puesto número 25 en PIB per cápita y el número 19 en IDH. Catorce veces menos extensa que España, cuenta con 1561 kilómetros de línea de costa que la convierten en un destino cicloturista ideal donde disfrutar con seguridad de dos semanas de peripecias.
La ruta circular en sentido horario comienza en Taipei, la capital. En el norte de la isla nos espera una grata sorpresa. Visitamos el fuerte español de Santo Domingo, hoy museo nacional, y dormimos en las instalaciones abandonadas del de San Salvador.
Continuamos por la costa este, agreste y poco explotada, que nos brinda paisajes de ensueño y acampadas playeras excepcionales. Recibimos una alerta presidencial en nuestros móviles: terremoto de 4.5 puntos de intensidad en la escala de Richter a tan sólo 200 km al sur de donde nos hallamos. Al día siguiente encontramos carreteras cortadas, cruzamos el trópico de Cáncer y doblamos el cabo Eluanbi en el punto más meridional de la isla en compañía de George, cicloturista londinense que se prepara para participar en la Trans Continental Race, una de las competiciones cicloturistas más exigentes del planeta que en esta undécima edición partirá desde Santiago de Compostela para llegar a Constanza (Rumanía) recorriendo una distancia de 4000 kms.
Terminamos el recorrido remontando la costa oeste, mucho más poblada. De hecho aquí se encuentran las grandes urbes de Kaohsiung, Tainan y Taichung, considerada el epicentro de la industria ciclista de la isla, donde se concentran las fábricas de marcas como Giant y SRAM. Acampamos en playas, búnkeres abandonados y pequeños templos budistas camino de Taipei, a donde llegamos tras 11 jornadas y 1134 kms.
Nos desembarazamos de nuestras bicis en la consigna del aeropuerto y disfrutamos de dos días de turismo convencional. Alcanzamos con facilidad los lugares más destacados de la capital en su fabuloso transporte público, ya sea la plaza memorial de Chian Kai Shek, el rascacielos Taipei 101 o los animados mercados nocturnos de Ningxia y Ximending, donde degustaremos delicias como pollo frito picante, tofu apestoso, patatas dulces, huevos fritos de codorniz, galletas Oreo rebozadas y helados con supuesto sabor a churros.
En el apartado de anécdotas siempre recordaremos la noche que pretendíamos pagar con euros nuestra cena en una tasca y miraban el billete como si fuera del Monopoly, o aquella otra en la que acampados en una parada de autobús recibimos la visita de un grupo de macacos ladrones, o la que nos disponíamos a dormir escondidos en un viejo búnker y recibimos la visita de un excursionista despistado, o finalmente la acampada playera tras la que amanecimos invadidos por una legión de cangrejos.
Nos vemos por los caminos…
